TRASTORNO OBSESIVO.
CASO REAL (Publicado en la revista Psicología Práctica nº 44)
Paloma acudió a consulta con un cuadro obsesivo que le producía una gran angustia. Sin conocer la causa ni saber el momento en que iban a aparecer, sufría con frecuencia una invasión de imágenes que amenazaban con desestabilizar su vida.
Cuando menos lo esperaba irrumpían en su mente deseos de venganza hacia las personas que más quería. No sabía cómo defenderse de estos pensamientos e ideas y tenía miedo a perder el control y agredir a alguien, pues los impulsos de venganza eran tan fuertes que temía realizarlos en contra de su propia voluntad.
En estas ocasiones y temiendo sufrir algún tipo de locura se imponía a sí misma un aislamiento temporal para defender a sus seres queridos de sus posibles agresiones. Esto afectaba seriamente al negocio y a la relación con su marido.
Venía a complicar la situación el hecho de que Paloma trabajaba en el sector de hostelería y por esta razón tenía fácil acceso a las cocinas donde podía coger cuchillos y tijeras sin ninguna dificultad. Además, su marido compartía la misma actividad, horario y lugar de trabajo, y esto le situaba en una posición de riesgo.
La angustia que sufría Paloma por el temor de agredir a alguien, además de las repercusiones en su empresa de sus frecuentes ausencias, le hicieron buscar una solución urgente. Y sin dudarlo, acudió a hacer psicoterapia. |
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Explorando el pasado
Partiendo de la hipótesis de algún episodio traumático ocurrido en el trabajo se exploraron los motivos que pudieran estar en la base del trastorno. Pero nada apareció. Se exploró también toda su vida afectiva hasta su infancia. Tampoco se encontró nada significativo.
Pensando en posibles resistencias inconscientes para enfrentarse al daño abordamos el caso con Terapia Regresiva; así lograríamos que aflorase con más facilidad el suceso reprimido.
En las primeras sesiones con esta técnica se observó un progresivo descenso en los niveles de ansiedad y un aumento importante de bienestar subjetivo. Pero lo más importante fue que poco después apareció el suceso traumático con total claridad.
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La aparición del trauma
Mientras se rastreaba el conflicto aparecían imágenes de muñecos, ropita de bebé sin estrenar, zapatitos infantiles… símbolos que sugerían algún conflicto en su niñez. Pero no se trataba de eso; sus vivencias infantiles estaban, al parecer, bien construidas.
Avanzando en edades sucesivas llegamos a sus años de adolescente, y aquí sí apareció una imagen muy clara: Paloma se vio en la mesa de operaciones de una clínica, rodeada de personas con bata blanca que iban a practicarle un aborto. Entre el material sanitario preparado para la intervención pudo ver tijeras, bisturies y todo tipo de objetos punzantes. Según decía, había acudido a la clínica contra su voluntad. Su primer novio la había dejado embarazada y, pese a que ella deseaba ese bebé, las presiones de él fueron tan fuertes que se vio obligada a someterse a ellas.
Poco tiempo después de este suceso, dejó la relación con él e intentó olvidar este episodio traumático. Su familia y amigos, aún hoy, desconocen el hecho. |
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La Conclusión
Paloma reprimió aquel suceso de manera que nunca saliera a la luz. Pero el trauma sufrido dejó en ella la impronta de una fuerte resistencia a la maternidad y una gran angustia, que expresaba obsesivamente con la imagen de esos cuchillos que frustraron sus deseos maternales.
Al revivir la situación reprimida y después de trabajarla adecuadamente, Paloma sintió una gran liberación de esa energía emocional estancada. Semanas más tarde nos despedíamos seguras de haber hecho entre las dos un buen trabajo.
Muchos meses después de la terapia lleva una vida normal libre de los sobresaltos anteriores. Y lo que es más importante, hoy se siente feliz preparando la canastilla del bebé que está esperando. Las fuertes resistencias a la maternidad que tuvo anteriormente han dado paso a la feliz espera del bebé que va a nacer.
Equipo CIE PSICOLOGOS. |
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