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MOOBING. EL FANTASMA DE LA NOCHE.

Carmen es una mujer de 42 años que vino a consulta por un problema en el trabajo. En un principio, parecía un caso de mobbing, aunque también me dijo que seguramente, algo más había detrás relacionado con su infancia; aunque no sabía qué.

Su padre era un hombre autoritario y represivo; su madre, una mujer temerosa de las iras del marido. Y todo lo que Carmen recordaba de entonces era su obsesión por evitar a su padre y alejarse de él. Tanto que a los 18 años, se marchó de su casa para vivir su vida lejos del entorno familiar.

Tenía al parecer un conflicto con la autoridad, en su caso nada extraño, que se manifestaba actualmente en el trabajo. No se llevaba bien con su jefe y ello le supuso incontables problemas laborales que la llevaron a una depresión.

Exploramos su infancia. Siempre aparecía un miedo pavoroso a su padre y un profundo sentimiento de indefensión al no sentirse protegida por su madre. En una de las sesiones se vio de niña, con tres o cuatro años, acostada en su cama y disponiéndose a dormir. Pero con la luz encendida. Le pedí que la apagara. Se negó, diciéndome que si lo hacía podía aparecer el fantasma de la noche. Yo quería saber qué se ocultaba detrás de ese pánico infantil, y por ello insistí en que para dormir había que apagar la luz. Pero no fue capaz pues sentía mucho miedo.
APARICIÓN DEL TRAUMA

En la siguiente sesión abordé de nuevo el tema; había que saber qué se escondía detrás de ese terror. Por fin logré que la apagase, pero al instante, empezó a temblar, pues, de inmediato, apareció el fantasma. Intenté tranquilizarla , aunque insistiendo en que para librarse del fantasma había que llegar hasta el final. Debía enfrentarse al miedo para saber qué se escondía detrás. Lo mejor para lograrlo sería que tirase de la sábana del supuesto fantasma. Ella se resistía, pero al final, de un tirón logró desenmascarar a su agresor. Se trataba de su padre, que como tantas noches, trataba de abusar de ella. Esta revelación fue dolorosa, pero de algún modo no consciente, ella ya lo sabía.

No fue difícil reconstruir el trauma y a las pocas sesiones su depresión cedió, también sus problemas en el trabajo y sus relaciones con su jefe y compañeros. Ahora continuamos viéndonos una vez al mes para hacer el seguimiento del trastorno y ver su evolución. En muy pocas sesiones podremos despedirnos seguras de que su problema se ha resuelto

Equipo CIE PSICOLOGOS

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