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LLEVARTE BIEN CON TUS COMPAÑEROS DE TRABAJO

Levantarse a los amaneceres, desayunar en un santiamén, entrar a codazos en el autobús o tragarse una caravana de kilómetros para llegar al fin a tu trabajo desmelenada, sudorosa y como recién salida de una batalla campal.
Pero eso es sólo el principio, porque aú te quedan ocho durísimas horas de jornada que deberás cumplir, día tras día.

Y por si fuera poco, tu ambiente laboral tampoco ayuda: Rivalidades, caras largas, hostilidad y malos rollos hacia tus compañeros de trabajo. En consecuencia, estás crispada, cometes más errores de los habituales, tu rendimiento baja y tu jefe te llama la atención. Al terminar tu jornada, sigues rumiando tu mala situación y te mantienes en ese círculo vicioso sin hacer nada por romperlo.

La mayor parte de nuestra vida la pasamos en el trabajo, por eso, vivir en un ambiente laboral desagradable puede llegar a enfermarnos, a no ser que tengamos otras compensaciones en nuestra vida personal que equilibren la situación.

Imagina qué distinto sería cada día si, después de sufrir esos inconvenientes que todos soportamos en una gran ciudad, al llegar a tu puesto te sintieras acogida y pudieras dar un gran suspiro de alivio.
Esto ocurre cuando se tienen relaciones agradables con los compañeros, cuando se comparte con ellos algo más que unas simples tareas rutinarias que podrían llegar a convertirnos en poco más que simples piezas de una fría cadena de montaje.

Es importante invertir en nuestras relaciones de trabajo. De la calidad de estas relaciones depende, en buena medida, nuestro bienestar emocional.

Desecha las actitudes negativas:

Afronta la nueva jornada con otro espíritu. Si quieres que tu vida sea mejor tendrás que hacer algo que hasta ahora no habías hecho. Para ello:

  • Aléjate de los chismes insidiosos.


  • Evita ese aislamiento que sólo a ti te perjudica. La vida y los pensamientos compartidos      crean una nueva realidad.


  • Muestra una gran sonrisa. Nadie tiene la culpa de tus problemas y no puedes castigarles      con ese gesto hostil que siempre te acompaña.


  • Si te resulta muy difícil, analiza si el malestar está fuera o dentro de ti.


  • No te engañes a ti misma sobre la verdadera causa de ese malestar. Cuando pongas el      problema en el lugar que le corresponde dejarás de echar balones fuera y te resultará más      fácil encontrar la solución.


Construye relaciones positivas:

No se trata sólo de no crear problemas o de tener controlado al "enemigo". Se trata de crear alianzas con esas personas que tenemos cerca y que forman parte de nuestra vida. Para ello:

  • Observa que aspectos positivos puedes encontrar en cada persona con quien te relaciones.


  • Dedícales un poco de tu tiempo. Según vayas profundizando te sorprenderá lo que puede      aportarte esa persona que era casi desconocida para ti.


  • Interésate por su vida personal. Un interés sincero no sólo te abre puertas, también te hará      sentir bien contigo misma.


  • Muéstrate abierta a prestar alguna ayuda si fuese necesario. Tu buena disposición creará      una impresión de confianza en los demás.


  • Haz un seguimiento de aquel pequeño problema que te ofreciste a resolver. No se trata de      que intentes quedar bien en el momento; el interés sincero hay que demostrarlo día a día.


  • Alaba el trabajo de los demás. Harás sentir bien a quien elogies y también tú te sentirás      bien.


  • Agrega  la palabra  "Gracias" a  tu vocabulario cotidiano. Un poco de reconocimiento te      llevará lejos.


Equipo CIE PSICOLOGOS

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