Consejo publicado en la Revista VIVE.
¿Te sorprendes con frecuencia comprobando si has cerrado la puerta de casa, apagado la luz, cerrado la llave del gas o cogido las llaves de casa?
Son muchas las personas que realizan estos y otros rituales para asegurarse que todo está bajo control. Este hábito, si no es reiterativo, es positivo, pues permite que una vez hecha la comprobación nuestra atención quede libre para centrarse en otros asuntos de nuestra vida cotidiana.
Las manías:
Pero, cuando nos damos cuenta de que esas comprobaciones son repetidas e innecesarias, el hábito positivo empieza a convertirse en manía.
Algunas de las más frecuentes consisten en contar los peldaños de las escaleras, no pisar las rayas del suelo, contar las farolas, etc.
Aún así, pueden considerarse normales, pues todavía podemos controlarlas prestando más atención a lo que hacemos y convenciéndonos de lo innecesario de esos rituales.
Lo malo es cuando damos el siguiente paso y la manía se convierte en obsesión.
Las obsesiones:
Este trastorno consiste en una serie de pensamientos que se repiten de forma insistente a pesar de la voluntad de la persona por escapar de ellos. Estos pensamientos producen un gran desperdicio de energía y sufrimiento psicológico que, casi siempre, requiere tratamiento.
El trastorno obsesivo, genera la impresión en quienes lo padecen, de que no son ellos quienes controlan las cosas de su vida, sino que son éstas quienes les controlan a ellos.
Las compulsiones:
Cuando estos pensamientos obsesivos se convierten en conductas automáticas, aparecen las compulsiones: acciones o manías que la persona se ve forzada a ejecutar para escapar de esos pensamientos obsesivos y sentirse más tranquila.
Quien padece este trastorno es consciente de lo irracional de sus acciones compulsivas, pero no es capaz de eludirlas y se siente esclavo de la situación. |