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Cuando una relación acaba, el contacto con el "ex" puede ser inevitable, sobre todo si la relación ha sido duradera. A lo largo de ella se ha compartido todo, hijos, familia, amigos, vecinos y, a veces, compañeros de trabajo.
Después de la ruptura cada uno marcha por su lado, pero es inevitable mantener algún tipo de contacto con el ex, porque muchos de los lazos que creamos a lo largo de aquella relación se siguen manteniendo.
LOS HIJOS
El caso más frecuente que obliga a mantener ese contacto suelen ser los hijos en común. No hay más remedio que encontrarse con el ex, aunque sea de manera ocasional. De lo contrario, sufrirían los hijos. Y nuestra responsabilidad de adultos y de padres nos obliga a superar los malestares que podamos sentir por el bien de los niños.
EL CONFLICTO

En todas las rupturas de pareja siempre hay uno que toma la iniciativa y abandona y otro que se encuentra con la situación y se siente abandonado. Y cuando uno se siente abandonado por el otro, suele ocurrir que se quede atrapado en el dolor y en el resentimiento.
Entonces aparecen emociones contradictorias de inutilidad y de ira, porque aquello que consideraba de su propiedad, le ha sido arrebatado por otra persona sin que pueda hacer nada para evitarlo. Pero, por otro lado, tampoco lo puede aceptar, y así acaba encontrándose entre la espada y la pared.
Cuando esto ocurre, se abre en la persona esa herida narcisista a la que llamamos celos.
Son momentos terriblemente dolorosos que, a veces, conducen a episodios depresivos y estados de ansiedad que obligan a intervenir profesionalmente para restablecer el equilibrio perdido. |